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  Lidia Pujol  
Lidia Pujol
España
 
         
   
             
   
Poesía en blanco y negro

Dice vestir como un hada en los conciertos, y embrujar al público remitiéndose a sus peregrinaciones a una ermita abandonada donde canta proyectando la voz, de tal manera, que la reverberancia la convierte en algo más grande que ella misma. En Iaie (Resistencia, 03) cuenta historias, algunas tradicionales, que hablan del eterno claroscuro de la vida. No importa si uno no entiende catalán, francés o gaélico; la intención de Lidia Pujol es describir y crear atmósferas musicales que hablen por sí mismas, resaltando la belleza. Sus canciones rebosan matices y sorpresas enriquecedoras. Tan pronto resulta dulce y tierna, como ferozmente pasional.

Aunque tablas no le faltan a Lidia Pujol (35 años), pues tiene a sus espaldas una larga carrera como actriz teatral y cantante; es ahora cuando debuta en solitario, acompañada de una banda de excelentes músicos. Su espectáculo es infalible, de gran calidad. Lidia brilla en su versatilidad vocal y expresiva, en su lirismo, en su potencia y firmeza sobre el escenario.

Primero se llevó los aplausos en el Palau de la Música de Barcelona, y después lo haría en Madrid. Entre medias, se retiró unos días a su casa de la montaña. Allí trabaja la tierra, descansa y nos cuenta, cargada de energías renovadas, cómo están siendo los primeros pasos de Iaie.

L - Ahora tocaremos en Madrid. Hace poco estuve allí con la Ópera de cuatro cuartos que dirige Calixto Bieito. Anteriormente estuve con Silvia Comes cantando, y en algún concierto de música medieval de Els Trobadors. He venido con casi todos los proyectos en los que he participado, unas veces de manera más discreta, y otras con mayor repercusión. En un principio esto depende del dinero que haya detrás del artista; luego uno se lo va currando y va obteniendo los frutos de su trabajo.

A ver si esta es la definitiva.

Sí, a ver si hay suerte y podemos comer definitivamente de esto (ríe)

Las letras del disco parecen escritas en blanco y negro, son de temática alegre, y al tiempo esconden una parte dramática.

Sí, es una de las cosas especiales que tiene el disco, es muy real. El ser humano es ese claroscuro, esa dualidad, esa lucha entre opuestos; y siempre intenta llegar a un equilibrio. Aunque dudo que sea posible ese equilibrio; yo estoy trabajando muchísimo y siempre me cuesta alcanzarlo como algo que se mantiene. Lo cierto es que estamos formados de horrores y maravillas. Si quieres las cosas limpias tienes que remangarte y limpiarlas, porque la mierda se pone sola, la limpieza no.

Lo que trato de mostrar es esa crueldad, esa inocencia que pertenece a la niñez. Sólo lo cuento, para que no se intente separar lo bueno de lo malo, porque es imposible.

Real como la vida misma.

Claro, y así puedes incluir el sentido del humor, personajes, hadas, brujas, bofetadas y caricias... La vida misma.

Y así se vive más alegremente la vida.

Por supuesto. Aquí estamos, peleando con esta vida rarísima, durísima de vivir, y echando un par de lo que haga falta para estar lo más positivos y creativos posible.

Ahora he estado una buena temporada sometida a tensión. Estrené el disco en el Palau de la Música hace tres días, y me he subido al monte. Estoy aquí, con la naturaleza, y me siento como si no hubiera pasado nada. Fue maravilloso, y a la vez muy difícil. Pero llegas aquí, bajas al huerto y ves cómo son las cosas: si te curras la tierra y plantas algo, hay un fruto. Eso sí, si las condiciones climatológicas también ayudan junto con la suerte y la naturaleza. Todos esos ingredientes son los que forman este disco. Y también los cuentos que he explicado a los músicos que he ido escogiendo concierto a concierto, enamorándome de cada uno de ellos y diciendo: “éste es un niño músico, un mago músico”. He tenido la suerte de poderlos seducir. Están ahí porque les gusta la idea. Estoy rodeada de un sexteto magnífico, sobretodo Dani Espasa (piano), que es quien dirige musicalmente todo esto conmigo; y Óscar Roig, que no estará en directo porque es con quien he hecho la producción. Pero estará Xavi Lozano con flautas y cachivaches por todas partes.

Me dejan maravillada en cuanto a curiosidad y sorpresas. Es mucho lo que se da en este concierto. No es sólo una cantante, el proyecto se llama Lidia Pujol, pero está formado por muchas creaciones y mucha magia.

Tus compañeros, con poquitas notas saben resaltar los colores de las canciones.

Sí, siempre hay una textura de viaje, de vuelo, de paisaje, de sueño. Casi vamos de puntillas, y de pronto... radiamos. Todo surge a partir de emociones. Yo soy muy reactiva a lo que oigo, me enamoro y me expreso mucho; o de repente me hace daño y me molesta. En ese sentido hemos buscado la expresión, por ejemplo: cuando hay que alzar el vuelo en El rusiñol. Yo le explicaba a los músicos que es un tema que viene de antes de mí, es una canción tradicional catalana que seguirá después de todos nosotros. Y les pedía que planteáramos una situación de bosque, que presentáramos al pajarito a través del piano; que la voz se fuera acercando poco a poco como si perteneciera al bosque y tomara presencia a través de una estrofa, de otra estrofa y otra, hasta que ese pájaro salta y vuela y se va hacia Francia (lo dice la letra de la canción), pero pasa de largo y se va a Irlanda, porque allí es donde grabamos el solo de flauta con Brian Dunning. Y a partir de ahí el ritmo, la ilusión, la expresión y la alegría se canta en las últimas estrofas, y la voz desaparece en el bosque y volvemos al estado inicial. Esos cuentos se los explico yo a los músicos y todos tienen que estar en esa onda (ríe).

Parece música descriptiva.

Es una música muy visual, sí. Me encanta cuando a un músico se le pone cara de oreja. Ocurre cuando ves al músico escuchando lo que ha compuesto sobre el escenario, y está al servicio de lo que está interpretando. Entonces, se le pone cara de oreja, se le van los ojos y se le estiran los laterales; se ve, lo tengo comprobadísimo. Y en esta puesta en escena hay mucha oreja y mucha conexión entre nosotros, y creo que también con el público. Sólo hemos tenido dos experiencias: un ensayo general con 50 personas, y después en el Palau. Y de momento vamos viendo que conectamos y que el resultado es magnífico. Es un peliculón, merece la pena verlo.

Para abrir el disco has querido das un mensaje (Missatge)

Por supuesto. Lo que quiero decir es que hay mucho más que todo lo tangible, que pesa y es contaminante. Hay mucho más, está el otro lado: la imaginación, el sueño, la ilusión, la magia, la rabia, la fuerza del interior. Algo que se gesta en la oscuridad y se expresa en la luz. Es ese otro lado que no cuesta dinero. Hay otros valores para llegar a él, que tienen toda la importancia esencial en el ser humano. Ése es el puente que trazo, desde el horror a las maravillas, y se puede ir y venir, porque tenemos esos dos lugares en nosotros mismos.

A menudo estas historias son protagonizadas por mujeres.

Hay canciones tradicionales que hablan de madres, del amor a la naturaleza, del vínculo entre una madre y un hijo, de esa niña que se siente oprimida por el padre y le lanza un mensaje a la madre a través de un pajarito (Rusiñol). Aparece ese vínculo con la naturaleza, con la madre tierra y con ese misterio de creación constante que está en lo femenino, en la fecundación.

El mismo vínculo que tú practicas en tu casa de la montaña.

Pues sí (ríe). Quedará un poco infantil, pero la verdad es que a mí me ayuda mucho. Ayer estuve toda la mañana dándole a la tierra con el pico, roturándola para darle oxígeno y prepararla para la siembra. Estuve plantando espinacas y me siento como una reina. Además, creo que esto de arrancar las malas hierbas – simbólicamente- a mí también me viene muy bien, me quito de los malos rollos. El ser humano tiene que hacer limpieza continuamente de sí mismo, porque las malas hierbas crecen solas, y si quieras cambiar eso por algo que te alimente, te lo tienes que currar, y no hay más narices. En las pequeñas cosas veo cómo va la vida, y aunque es rara y tenemos poco espacio para intervenir en ella - porque hay fuerzas superiores a las que pertenecemos-, en esas pequeñas cosas que nos guían está la clave de cómo vivir, cómo tener paciencia y encontrarle cierto sentido a la vida.

Pequeños detalles como los que muestra el piano contigo al acompañarte.

Con Dani Espasa tuve una larga charla hace unos tres años. Lo había visto tocar en el escenario y supe que tenía que hablar él y explicarle quién era yo. Le hablé de mi versatilidad, porque no pertenezco a un solo estilo. La vida tiene todos los colores del arco iris. Y allá donde haya una aventura, algo que me mueva y me emociones, ahí estoy yo. Ése es mi único principio. Me puedo mover en cualquier estilo, en cualquier idioma, y con cualquier personaje en el terreno teatral.

Dani dirige musicalmente la Ópera de cuatro cuartos, está en la OBC (Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña), toca el clavicémbalo con Jordi Savall, tiene su propio grupo de música antigua... Es capaz de todo. Es un aventurero, un gran capitán. Es cuestión de ir proponiéndole cosas, y si él lo ve claro pone las manos en el piano y te hace viajar con toda la belleza. No hay palabras.

¿Y cómo es para ti subirte a un escenario?

Cerca de donde estoy ahora mismo hay una ermita abandonada del siglo XII. Cuando voy para allá, me meto dentro y empiezo cantar canciones como Mujer de Irlanda o Como una estrella. Y cuando salgo al escenario me imagino cantando en la iglesia, porque hay una resonancia y una retroalimentación de la voz magnífica. El sonido te sublima, te saca de ti y te hace más grande. Cada vez te liberas más de ti misma y eres más que tú. Eso es lo que me pasa en la iglesia, y lo evoqué cuando estaba en el Palau. Aquella noche el Palau era mi casa. Además llevo un vestuario de hada bruja y sentía como si una de ellas hubiera cobrado vida de las paredes y fuera señalando toda la magia que hacen los músicos y fuera empaquetando a toda la gente con esa música, llevándola a un sitio muy especial. Es un poco peliculón (ríe), pero es magnífico. Y para poder alcanzar esa reverberancia me remití a esta iglesia abandonada, que es donde van los pastores y meten las ovejas en invierno. Allí no hay ningún Cristo ni nada, es cuestión de espacio, de intimidad. Fue magnífico, parecía que estábamos flotando.

Los textos que cantas de Lorca son fragmentos de la obra “Bodas de Sangre”. De nuevo aparece el lado bonito del acontecimiento, como es la boda, pero se intuye la tragedia inminente.

Exacto. Uno tiene que tener un compromiso con uno mismo, con ese otro lado, con esa raíz del grito, con esa esencia. Ésa es la última advertencia que se le da a la novia en la canción Como una estrella: Al salir de tu casa para la Iglesia, acuérdate que sales como una estrella. Sigue siendo el discurso de vincularse a la esencia de uno mismo, que es lo que realmente mueve tu vida. Ése destino y ésa fuerza que va más allá de ti. Además yo hice esta obra con veintipico años, y era la criada. Después la volví a hacer, pero en esta ocasión fue la banda sonora con Óscar Roig, y se estrenó hace un par de años en el Teatro Grec de Barcelona. Esta música pertenece a aquel estreno.

Y la canción Que despierte la novia - también de Bodas de Sangre- trata de despertar los sentidos, la vida, las flores, las emociones. El disco termina con aire festivo. Después de haber pasado por diferentes paisajes termina con esa fiesta.

Por cierto, no puedo dejar de tararear “Que despierte la novia”.

(Ríe) Es un hit total, y además sin necesidad de que te lo pongan 40 veces por todas partes, no hace falta. Es de una sola escucha. Es muy cachonda, tiene ese punto enrollado, como arrastrado cubano, cutrecillo pero enrollado... Nos gusta mucho haber terminado el disco de esta manera. Aunque se dispara mucho del resto de canciones, no pasa nada porque en realidad el disco es un continuo disparo hacia un lado y hacia otro.

Y también has incluido, cómo no, una dedicatoria a tu abuela.

Hombreeeee.... Mi abuela es absolutamente esencial. Es una mujer que sin saber leer ni escribir, considero que es la mujer más sabia que he conocido en mi vida. Yo siempre estaba al lado suyo con un bloc de notas o con la grabadora, y ella me enseñaba canciones en cualquier idioma, pero ella no sabía ni hablar castellano. Lo que nos está ofreciendo en este pasodoble El sombrero es algo muy esencial, porque no sabe ni lo que está diciendo. Mi abuela no hablaba castellano. Es igual que cuando nosotros cantábamos en inglés de pequeños: Aguachipú aguachipú. Lo que importa es ponerle ganas. A eso es a lo que te invita mi abuela, a ponerle salero.

¿Y qué decía ella de tu música?

Me decía que la música que canto es muy triste y demasiado fina, que ahora el mundo no está para esto, y que tenía que hacer algo comercial. Me aconsejaba que cantara cancioncillas con salero, y ahí me enseñó ese Sombrero. Consideraba que con eso por fin me iba a ganar la vida. Que repitiera mucho el estribillo, que ahora se lleva mucho eso (ríe). Me decía: Mira, ahora no me acuerdo de la letra esta, pero da igual, tú repite otra vez esto que es lo que interesa. Yo le decía Abuela lo que importa no es el dinero y ella ¡Cómo que no! Que con el dinero se pueden hacer muchas cosas, y sin dinero no te vas a comer nada.

Y de Bodas de Sangre pasamos a “Canción en la sangre” (Chanson dan la sang) de Jacques Prevert. Ahí reaparece el claroscuro de la vida y la muerte.

Sí, tiene ese toque naïf, cruel de los niños, y de explicar las cosas con tanta simplicidad: En el mundo hay grandes charcos de sangre, dónde va toda esa sangre derramada, a la Tierra le da igual, no para de girar. Va nombrando una a una las sangres derramadas: de los mutilados, aporreados, de los niños torturados tranquilamente por papá y mamá, de los que están en los tejados arreglándolos y de repente caen al suelo... Desde esa sencillez se va haciendo una exposición de lo que somos. No es una crítica en concreto, sino una invitación a que cada uno haga lo que crea oportuno.

Por lo que veo, todas las canciones giran en torno a lo mismo. Son distintas formas de dar ese mensaje.

Sí, es muy circular todo. La Tierra gira y todo da vueltas... Es muy circular este disco. Empieza por un sitio y vuelve al mismo sitio habiendo hecho todo un recorrido. Es muy simbólico: el eterno retorno, el continuo misterio de la creación constante, del nacimiento y de la vida, y esa combinación dual de todo en uno mismo. Está lleno de símbolos, porque me interesa mucho más hablar con un lenguaje abstracto como la música que con las palabras en concreto.

Lo cierto es que debe haber pocas personas que entiendan los textos en catalán, francés, castellano y gaélico.

Pero no hace falta, lo importante es la intención. Si las cosas están cargadas de intención seguramente llegará el mensaje. Las diferencias entre distintas lenguas se pueden subsanar con una buena canción, con una melodía, una mirada, un abrazo o un gesto. Acuérdate de algún viaje a Marruecos o a Europa del Este, donde no puedas usar el inglés y comienzas a mirar más allá y profundizas un poco más en la mirada de los demás; intentas buscar algo que sea esencial y que te sea próximo y cómplice, porque con las palabras no puedes. Ahí tienes una oportunidad para descubrir que hay mucho más lenguaje que el de las palabras.

Otra de las mujeres del disco es la mujer irlandesa (Mná na Héireann). Una mujer terriblemente celosa ¿verdad?

No me digas que sabes lo que significa esa canción.

Sí.

No lo digas, porque además tenemos la suerte de que está escrito en gaélico.

Yo te lo leo. Dice: Hay una mujer...

¡No me lo digas, que no lo quiero saber! Esta canción melódicamente es magnífica, pero la letra no se corresponde para nada. Por eso la he cantado en el gaélico original, pero no he incluido la traducción en el disco. He puesto una interpretación personalmente mía, y pensé que a menos que alguien se molestase muchísimo y buscase la traducción, nadie iba a saber lo que significa.

Ahora te la continúo leyendo...

¡Que no quiero! Es un tema muy evocador al estar cantado en gaélico, que es una lengua que casi pertenece a los sueños y a la mitología, a los celtas y a los cuentos... Resulta mágico. Siempre que hay algo bonito merece la pena ser contado, pero una historia como esta... ¡de verdad...! (enfadada) Es de esas desilusiones que se lleva uno cuando se ha pasado mucho tiempo bailando algo en inglés sin saber lo que quería decir, y de repente te enteras y dices ¡Qué vergüenza!

Ahora esperamos verte en directo. Recuerda que saliste como una estrella; resplandecerás como tal.

¡Por Dios! (ríe).

Entrevista de: Patricio Otero

     
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