Se necesita un valor.Formato no válido.
 
 
  Beatriz Pichi Malen  
Beatriz Pichi Malen
Argentina
 
         
   
             
   
“El canto mapuche no es folclórico, es canto mapuche”

Es la voz de los mapuches. Canta sus canciones y las explica. Porque el pueblo quiere saber de que se tratan. Desde el escenario hipnotiza con los sonidos que fluyen de su garganta y de su kultrun, ese instrumento tan despojado y rústico, casi como lo ha sido históricamente su pueblo. Nacida en la ciudad de Los Toldos, provincia de Buenos Aires, Beatriz Pichi Malen es nieta del cacique Coliqueo pero en sus venas también circula sangre gitana. Sin embargo dice que por respeto no cantaría canciones de ese pueblo. Acaba de publicar “Añil”, su segundo trabajo discográfico, más acústico, menos electrónico, puramente mapuche.

Tengo entendido que el añil es una planta que produce una pasta colorante azul, y la tapa de su nuevo disco es de ese color. ¿Cuál es la razón de la elección del nombre, y por consiguiente de ese color?

En principio tengo que remontarme a mi primer disco “Plata”, porque me pareció bien pensar en una sola palabra para los discos. Y además que esa palabra referenciara algo muy profundo del pueblo mapuche pero que a la vez sea una palabra española. Porque yo soy mezcla de estas culturas: mapuche y la no mapuche. Todos estamos inmersos en muchas mezclas. En este caso “Añil” también es una voz castellana o española, que traduce esta idea.

Además es un color, el color azul oscuro, profundo, casi rayando en el negro, pero que sigue siendo azul. Para el mundo mapuche, el añil es el azul del misterio de la vida, de donde viene la vida y a donde vamos después de la vida más todos los misterios que guarda ese más allá. Y por otro lado el añíl ha sido el color imperante de la tela que envolvió el cuerpo de la mujer mapuche siempre a modo de vestido y que traduce la idea del andar.

¿Se puede vislumbrar también una cuestión de la fusión de lo mapuche y lo no mapuche también en lo musical?

Si, y además lo hemos trabajado como más acústico. Hay 7 kultrunes que no siempre se tocan en todos los temas; a veces todos juntos, a veces uno solo y otras veces ninguno. También por supuesto tenemos el sonido de los teclados de Néstor Iencenella y la percusión agregada de Mario Giménez. Pero en “Añil” no vamos a encontrar el trabajo que se realizó en “Plata”, en el que había samplers y sintetizadores. Eso fue una experiencia, un trabajo, que ha gustado y mucho, y nosotros estamos muy felices que eso suceda. En cambio éste es otro trabajo, distinto, como son los hijos, cada uno con su identidad.

¿Esa es la principal diferencia que plantean ambos discos?

En realidad no es que estuvimos planeando ni pensando como iba a ser éste. Nosotros trabajamos de una forma totalmente diferente de lo que se conoce. Primero grabo las canciones y después se ven qué canciones son las que sostienen un agregado musical o no, entonces quedan en su forma tradicional o quizás, como digo, con algún agregado contemporáneo.

Hay canciones acústicas en el sentido de que tienen más percusión, hay algunas que tienen percusión y sonidos contemporáneos, y otras que son absolutamente a capella como son las canciones mapuches.

El anterior disco tiene una mayoría de canciones que han sido transmitidas por antepasados mapuches, sobre todo a través de las abuelas. ¿En Añil se da lo mismo?

Si, por supuesto. Por ejemplo, hay una composición de la abuelita Angelita Cañicul que vive en Bahía Blanca en el sur de Buenos Aires, titulada Pewman Ñi Chao (Soñé a mi padre). Ella me la dio para que la cantara y yo le agregué la música. También hay muchas recopilaciones y otras composiciones que son nuestras. Yo hago la letra y la melodía y luego Iencenella va armonizando con el teclado.

¿Como observa usted que el público recibe esta música, que tal vez es nueva para el común de la gente identificada con el folklore más convencional?

Si uno lo tiene que rotular, el canto mapuche no es folclórico, es canto mapuche. Cuando llevamos al exterior estos cantos con estos agregados musicales, pasan a ser canciones de las músicas del mundo; cuando vamos al festival de Cosquín en Córdoba es folclore y la verdad es que son canciones de origen mapuche, con una mapuche que va agregándole sonidos de los que se nutre día a día. En todo caso el desafío es encontrar el respeto y la armonía entre esto tan antiguo que aparece como nuevo por desconocido y lo contemporáneo que es lo que ya ordinariamente conocemos.

¿Cómo recibe el público extranjero, más acostumbrado al tango y al folclore tradicional?

Creo que esto resume un poco: la primera vez que fui a Europa a llevar los cantos mapuches fue en el año 2000. Desde entonces he vuelto todos los años, y hasta dos veces por año. El año pasado me fui en noviembre y volví en diciembre. Incluso estuve en Europa del Este, en donde por los idiomas es imposible pretender explicar algo. Sin embargo todavía sigo recibiendo correos en los que me ofrecen lugares para tocar o me piden que no me olvide de visitarlos si estoy por allí cerca. Me da una gran satisfacción ver que hay gente en el mundo que tiene avidez de estas cuestiones que no son nada extraordinarias. Simplemente es algo genuino, y no hay nada que explicar. Pero esto también me aporta una gran y tremenda responsabilidad.

Fuera de la música mapuche, ¿tiene ganas o tiene planeado incursionar en otro repertorio?

No, a mi me gusta oír todas las melodías, todas las músicas, y puedo sencillamente deleitarme con una canción interpretada por Yasmin Levy, o Freddie Mercury o don Atahualpa Yupanqui o otros grandes maestros que tenemos aquí. Si no hubiera sido mapuche seguramente me hubiera inclinado por el canto gitano porque es algo que me pasa también por las venas y porque además vibro con eso. Pero justamente porque le tengo tanto amor, tanto cariño y tanto respeto jamás lo haría, porque me parece que es un pueblo también que está vivo y tiene su trayectoria, sus dolores y sus penas, y nadie mejor que ellos para que digan y hablen y canten sus cosas.

Creo que mi Dios me ha mirado con agrado. Y quizá ha puesto su mano en mi garganta para poder cantar. Soy el instrumento para levantar nuestro canto y ponerlo allí en los escenarios que se ofrezcan. No es tanta la gente nuestra que interpreta nuestras canciones desde lo profesional.

¿Cual es su ascendencia mapuche?

Por mi madre. Ella fue la nieta del viejo cacique Ignacio Coliqueo. Su padre y su madre, mis abuelos maternos, son mapuches. Mi abuela se llamó Isabel Huenchual y venía de La Pampa y mi abuelo que se llamó Modesto Medina Coliqueo, hijo de Pilar Coliqueo, la última hija del Cacique Coliqueo que tuvo con su cuarta esposa. Coliqueo tuvo cuatro mujeres. Somos una gran prole, ya que con lo tercera tuvo una gran familia y todos estamos emparentados. Nosotros venimos a ser los tataranietos del viejo cacique Coliqueo.

Usted se dedicaba a realizar una actividad académica fuera de la música o utilizando la música como medio de transmisión de conocimientos. ¿Lo sigue haciendo?

Sí, por supuesto. Eso es algo que a mí también me interesa mucho hacer, tanto en el área educativa sin ser docente como cuando me presento en grandes festivales o en pequeños escenarios.

Entrevista de: Jorge Maldonado

     
• País
  Argentina
• Nombre oficial
  República Argentina
• Capital
Buenos Aires
• Continente
  América del Sur
• Idioma
  Español
• Otros idiomas
  Lenguas extranjeras y aborígenes
• Moneda
  Peso
• Religión
  Católica romana
• Gentilicio
  Argentino
• Gobierno actual
  Cristina Fernandez de Kirchner (Pres.)
 
               
 
   
 
  Perfiles Beatriz Pichi Malen

 

 
  Noticias Córdoba tendrá su primer festival de músicas del mundo

 

 
  Noticias Beatriz Pichi Malén presenta su segundo trabajo discográfico

 

 
   
    • Añil, 2005
• Plata, 1999