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  Jaime Roos  
Jaime Roos
Uruguay
 
         
   
             
   
“Las murgas me hacen llorar”

Tiene el alma del cantautor folclórico, la pasión del enamoramiento primerizo y la firmeza del mejor equipo de fútbol de primera división, porque al propio Jaime (Montevideo, 1953) así le gusta ver a su grupo de once músicos.

Toda una vida dedicada a retratar la esencia espiritual y, cómo no, musical del cono sur en poesías sentimentales y mágicas, lo auparon como prócer a ambos lados del Río de la Plata. Rindió homenaje a los poetas patrios en: “Contraseña”, su obra más reciente. Quiso, sin embargo, entrenarse en España con la publicación del anterior: “Concierto Aniversario”(Galileo MC - 03). El directo, infalible, fue grabado en el monumental Teatro Solís de la capital, donde brillaron formando una piña los cinco coristas murgueros, el percusionista candombero, la formación roquera juvenil y el propio Roos, guitarra en mano, sin descuidar el más mínimo detalle. El resultado es rompedor: una extensa y variada muestra de las aportaciones musicales que hizo al patrimonio cultural uruguayo durante dos décadas en el frente. El estreno de la banda en su gira española sorprendió a muchos “gallegos”que lo tenían por desconocido. Aprovechamos el momento para conversar con el delantero centro Jaime Roos, quien dice en seis meses volverá a hincar los codos para sacar adelante un nuevo álbum.

Si es la primera vez que oyes su nombre, don´t worry: “Concierto Aniversario”es un comienzo perfecto. Tiene los ingredientes para resultar emocionante como la vida misma.

Era hora saldar tu deuda con los españoles.

Hace mucho tiempo que tenía ganas de venir. He tocado con españoles muchas veces en mi tierra y me doy cuenta de que comprenden la música, la captan, se entusiasman. Por otro lado, en España hay una colonia de uruguayos, también de argentinos, bastante grande que se ha acentuado en los últimos tiempos debido a la enorme crisis económica que estamos viviendo en el Río de la Plata. Tocar para mis compatriotas es un reencuentro. Es muy emotivo entrar al escenario y ver las banderas y las camisetas de tu equipo de fútbol. Van a ver nuestro show como si fueran al estadio.

La primera pieza del directo es “Si me voy antes que vos” ¿Era necesario hablar de la muerte?

Esa canción habla de la vida, lo que pasa es que lo hace desde la muerte. Por algo termina diciendo “milagro de amor”. Cuando uno tiene un ser querido, que puede ser una pareja - en este caso fue escrita para la mujer que fue mi pareja durante mucho tiempo -, pero también puede ser dicho por una madre a su hijo, o de un amigo a otro; en la mayoría de los casos una de las personas se va a morir antes que la otra. La muerte ya de por sí, que nos parece injusta, se vuelve doblemente injusta. El que se va ¿qué tiene para decirle al que se queda? Quiero que siempre recuerdes lo que dijimos un día, que cada vez que te ríes, río contigo mi amor. Y no te olvides de algo que se adivina en la vida, y es que la vida misma es un milagro de amor.

Es la esencia de un estilo nuestro, del murguero. Las murgas siguen una estructura que consiste en la presentación, cortita, que viene a decir aquí estamos; luego vienen los cuplés, humorísticos, irónicos, bien carnavaleros, con chistes políticos y ese tipo de cosas; y finalmente viene con la retirada, que en lugar de terminar arriba, bien arriba, se termina yendo con melancolía, porque la murga se va y no sabe si algún día va a poder volver. Una retirada tiene que tener fuerza, pero se le puede caer el lagrimón.

Yo elaboré una teoría que hoy por hoy circula en mi país como que es así. He estudiado mucho la murga y creo que el origen de la retirada tiene que ver con los inmigrantes, esencialmente españoles e italianos, y lo que sufría esa gente cuando se tenía que ir de estos países buscando una nueva tierra despidiéndose de sus seres queridos. Era realmente desgarrador. Eso de prometer volver nadie se lo creía demasiado. Estaba esa angustia latente en cada despedida; lo sigue estando hoy por hoy. De ahí viene este estilo de murga que nace justamente en Uruguay a comienzos del siglo XX.

Puro sentimiento las murgas.

Sí, a mí me hacen llorar. Este año fui a un par de ensayos, que a veces están mejor que las presentaciones. Se hacen en verano, al aire libre, hace calor, la gente del barrio va a los ensayos... es realmente todo un mundo. Y de repente me doy cuenta de que estoy llorando, tengo la cara mojada. No entendía bien la letra de lo que estaban diciendo, pero no importaba, ¡era tan lindo lo que sonaba! Era una despedida, tenía esa cosa melancólica y al mismo tiempo con la fuerza de catorce voces y bombo, redoblante y platillo que lo acompañan.

Tuviste una infancia llena de emociones en torno a la música.

Fue un elemento importante en mi infancia, sí. A los cuatro años ya tenía un bombo, un amigo tenía platillos y un redoblante y tocábamos. Nos pintábamos la cara con corcho quemado y pedíamos unas moneditas a la gente para comprarnos un refresco al final de la tarde. Pero también en mi barrio estaban los tambores africanos del candombe, mi padre escuchando jazz todo el día, y mi madre con la música latinoamericana y española. Recuerdo que una vez me llevó de chico a ver a Joselito y a Sara Montiel; y también música brasileña y africana. Hasta que un día aparecieron los Beatles y ahí cambió todo.

Yo era un caso claro, muy típico, de músico por vocación. De niño yo no jugaba con la música, para mí era en serio. A veces recalco esto cuando veo niños que se toman la música en serio, no como un juego. Eso indica que pueden tener una vocación musical muy clara. Los niños pueden jugar a que son vaqueros o indios, o pueden jugar a que tocan la guitarra, se ríen, hacen la parodia, se sienten músicos de rock y sacuden la cabeza... pero hay otros que no. Hay otros que tocan y quedan serios, están concentrados queriendo hacer música. También ocurre cuando escuchan.

¿Y dónde fichaste a estos músicos tan hábiles?

¿Sabés dónde? (ríe) En la cantera. Estoy siempre dando vueltas y viendo la cantera. A los Ibarburu, que son tres (guitarra, bajo y batería), los vi tocar cuando tenían quince años. Lo mismo sucedió con el teclista. Ellos armaron una banda que hacían covers de Police y esas cosas. Me acuerdo que le comenté al ingeniero de sonido “estos pibes van a llegar lejos”. Ya disuelta la banda en la que estaban en el año 94, los llamé al preparar la temporada 95. Los había ido observando, ahora tenían 19. No les dije nada y fui a verlos a un concierto que había treinta bandas. Y ellos, como eran muy jóvenes, fueron los que tocaron primero. Ni siquiera apagaron las luces del teatro, no había llegado la gente, ¡pobres! Los escuché tocar en vivo y dije “estos tipos son artistas”.

Al principio muchos de los músicos se burlaban de mí porque decían que yo merecía una banda mejor y cómo iba a llamar a esos niños. Pero se tuvieron que tragar todas las palabras cuando salimos a estrenar el espectáculo, puesto que son músicos de primera división. Luego, en el año 98, cuando yo paré de tocar, los convocó Fito Páez, que es argentino. Fijate: en la otra orilla (del Río de la Plata) hay quinientos guitarristas eléctricos, pero Fito Páez llamó a Nicolás Ibarburu y luego llamó a su hermano, Martín Ibarburu.

El núcleo de cantantes, que son cinco, proceden de carnavales. Son gente que no viene de conservatorios, sino de la cantera del carnaval, donde aparecen músicos espontáneos que cantan en las murgas por amor al arte. Yo había visto que tenían una murga con muy pocos cantantes llamada “Los Mareados”. Eran ocho - una murga habitualmente son diecisiete personas- y convoqué a los que más me gustaban.

El percusionista, Walter Haedo, es candombero, de raza negra, puesto que el candombe es el patrimonio cultural de la raza negra de la comunidad afro-uruguaya. Los blancos también lo tocan, pero esencialmente está en sus manos la continuación de la cultura. Walter es uno de los grandes tambores que tiene Montevideo, además toca tumbadoras y hace percusiones accesorias. También salió del carnaval, fijate vos.

Es una banda que admiro y respeto mucho, y como tengo un concepto grupal del espectáculo, yo no soy el solista que está delante y la banda atrás. Esto es una pelota que va pasando por distintos lugares del escenario. El foco de atención del público va rotando de músico a músico. Incluso hay tres o cuatro canciones que no canto yo, sino que lo hacen estos músicos como solistas, puesto que quedan mejor las canciones en voces de ellos que en la mía. Es un concepto grupal en la composición y en el arreglo. Evidentemente son mis canciones, está dirigido por mí y es mi proyecto; pero en el escenario lo que la gente ve es un grupo.

¿De qué lugar de África salió el candombe?

Musicológicamente se ha intentado rastrear de dónde viene, y nadie lo encontró. No se sabe si es porque cambió cuando llegó a Uruguay, igual que la murga gaditana cambió y se desarrolló en una forma diferente a lo largo del siglo pasado. Sobre el candombe poco se sabe, puesto que nunca escuchamos candombe tal y como se conoce en África. Lo mismo sucede con muchos ritmos, por ejemplo el samba brasileño o la música cubana. La más compleja de todas es la percusión cubana, está años a luz de distancia de todos los países por su complejidad y variedad. Tampoco ellos saben de dónde viene.

A la famosa esquina de las calles Durazno y Convención ¿No le han cambiado el nombre por el de “Jaime Roos”?

Hay muchos argentinos que van a ver cómo es calle Convención. Incluso, el otro día me contaron de un español que pidió sacarse una foto en esa esquina. Increíblemente, después tomo un taxi y el taxista me dice ¡Jaime! Acabo de llevar a un tipo que me hizo sacarle una foto en la esquina.(ríe)

Es donde yo nací y la canción pinta ese lugar; como Penny Lane de los Beatles o como muchas otras canciones. Se convierte en una esquina que representa todas las esquinas de Montevideo. Tiene muchos elementos montevideanos metidos allí dentro.

Parece una esquina triste.

La vida a veces es triste. Hay una parte que dice: La vida como siempre dura. La noche como siempre oscura por la calle Convención. Pues siempre andan rotos los focos ahí (ríe).

¿En qué lugar no podrías vivir?

Uno antes que morirse, viviría en cualquier lugar. Creo que no podría vivir en cualquier otro lugar que no fuera mi ciudad. Ya me tocó vivir diez años fuera (a causa del exilio de la dictadura). Viví en Madrid cuatro meses, en París tres años, en Ámsterdam casi seis, un mes en Londres, otro en Bagdad, anduve por Japón, Australia, toda América latina la hice a dedo. Quiero vivir en mi país porque es donde me siento mejor. De todas formas uno siempre encuentra cosas bellas y gente bella por todos lados.

En tus travesías errantes ¿sabías lo que buscabas?

No, buscaba nuevas experiencias de vida. Lo que siempre supe es que quería hacer discos. Y una vez que tuve un hijo con mi mujer holandesa – luego nos separamos- seguí en una relación muy fluida con él. Precisamente acaba de venir a España desde Holanda para ver este concierto. Luego que lo tuve a él, fue la otra cosa importante en mi vida. Mi hijo y los discos.

Y viajando te enamoraste ¿Quién te decía: “No te enamores de nadie”?

Una mujer que era muy celosa. La canción “Amándote”empezó siendo escrita para una mujer, siguió siendo escrita para otra - porque no la terminaba de escribir-, y después terminó siendo para una tercera. Así que es para el género femenino en general. Me enamoré cuatro veces en mi vida y tengo casi cincuenta años. Tengo suerte porque conocí el amor de verdad y hoy por hoy estoy enamorado.

¿Estás enamorado también del fútbol? En Sudamérica se vive con mucha pasión.

En Uruguay y Argentina es una locura, una religión, y yo soy parte de eso también. Al fútbol en sí, le habré cantado cuatro o cinco canciones, como “Mi cuadro”o la canción que la Asociación Uruguaya de Fútbol en un momento me encomendó que le escribiera a la selección uruguaya como canción oficial. Lo que sucede es que en muchas otras utilizo la terminología futbolera para hablar de temáticas como el amor, la política, la soledad, temas más filosóficos; pero con alegorías, terminologías, metáforas futboleras, puesto que esto es muy común en el habla cotidiana. ¡Es increíble! No te puedes imaginar cuántas veces por minuto aparece una expresión que conecta con el fútbol en una conversación cualquiera.

Yo no soy más futbolero que los demás. Todos mis amigos sabes más que yo de fútbol. Lo que me sucede es que he sido el primer músico popular allá en Uruguay. Hace 27 años escribí mi primera canción que combina murga, rock y fútbol. Esto llamó la atención a la prensa y quedó como que metía mucho fútbol en mis canciones. La primera vez que me preguntaron por qué era así, dije: “A mí lo que me parece raro es que los demás músicos no hagan lo mismo”.

Si en lugar de músico fueras pintor ¿Qué pintarías?

Me gustaría pintar como Johannes Vermeer, el holandés. Y me gustaría pintar particularmente el cuadro que más quiero de todos los que vi en mi vida: la “Muchacha con el pendiente de perla”. Es esa joven con turbante que se da la vuelta. Parece que dijeron: ¡Eh!, ella se da la vuelta sorprendida y ahí la capta Vermeer.

¿Le escribirías una canción a esta muchacha?

Yo le hice una canción a la que fue mi mujer y madre de mi hijo, Franca. Es una habanera (canturrea el ritmo de habanera) Po-pom-pom-pom... Se llama “Flamenca real”y podría perfectamente estar dedicada a esta chica porque tiene esa delicadeza flamenca.

Entrevista de: Patricio Otero

     
• País
  Uruguay
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  República Oriental del Uruguay
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Montevideo
• Continente
  América del Sur
• Idioma
  Español
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  Uruguayo
• Gobierno actual
  Presidente Tabaré Vázquez