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  The Klezmatics  
The Klezmatics
Estados Unidos
 
         
   
             
   
“El problema surge cuando la religión es usada contra otras personas”

Rise Up! (¡Levanta!), es el grito esperanzador que lanzan los neoyorquinos Klezmatics a modo de salvavidas a las víctimas del 11-S. Un feliz consejo también aplicable al pueblo judío, del cual descienden estos músicos. Un pueblo cuya identidad se ha conservado a través de los siglos, pese a estar marcado históricamente por una larga sucesión de trágicas diásporas.

Si bien estas migraciones complicaron el rastreo de la huella musical judía, manifiestamente perceptible en distintos continentes, enriquecieron infinitamente su folclor sonoro, que se despliega en canciones tradicionales en hebreo, ladino, arameo y yiddihs, entre otras lenguas. Ya en el siglo XIX, por vecindad, el klezmer (folclore judío de Europa del Este) adquirió tintes polacos, húngaros, griegos, búlgaros, turcos, rumanos, cíngaros, rusos... Semejante diversidad cultural derivó en múltiples variantes estilísticas de las que hoy se nutre el grupo.

Klezmatics comenzó a mediados de los ochenta interpretando klezmer. Para entonces esta música, nacida en la Edad Media en el Este de Europa, habrá mutado ferozmente. Por desgracia sólo tenemos constancia fonográfica del último gran cambio que sufrió, cuando a finales del s. XIX, principios del XX desembarcó en EEUU. Cerca de dos millones de judíos buscaron allí un nuevo hogar y llevaron el klezmer consigo. La tradicional música festiva para animar bodas y otras celebraciones, se benefició de la revolución jazzística del momento, y terminó por desatarse del todo.

Los descendientes de aquellos humildes intérpretes vieron cómo florecía incluso un mercado comercial para los recién llegados. La continuidad generacional ha hecho posible que en el East Village de Nueva York del siglo XXI existan los klezmáticos.

El fundador del sexteto, Lorin Sklamberg, vocalista y acordeonista, investiga y archiva grabaciones históricas en el emblemático Instituto para la documentación judía YIVO de su ciudad. Dotado de una gran sensibilidad, y una voz casi femenina, Lorin canta con emocionante hondura en el júbilo y el lamento de sus canciones. Del resto del conjunto destacan el clarinete parlanchín e instrumentos varios de viento madera de Matt Darriau, el violín de Lisa Gutkin, la trompeta de Frank London, el tsimbl (una caja trapezoidal con cuerdas que se percuten) de Paul Morrissette, y las enfáticas percusiones de David Licht.

En Rise Up (Piraña/ Karonte, 03) se festeja la vida al ritmo de la danza. Igual de válido es un baile circular rumano (bulgar), que un canto hasídico tarareado que pretende alcanzar el éxtasis místico (nign o nigun), o una canción carnavalesca para la celebración del Purim. Además, figuran textos antiguos de profunda espiritualidad, poesía erótica homosexual, e incluso un himno para la resistencia judía. Melodías asquenazíes (judíos de Europa de Este), salpicaduras de jazz latino, y un coro gospel salpimientan un atractivo menú listo para paladares exigentes.

Lorin - Para el repertorio de este nuevo disco contábamos con algunas piezas grabadas, pertenecientes a dos proyectos paralelos de la banda. El primero consistió en poner música al espectáculo Davenen (oración), interpretado por la compañía de danza Pilobolus, en donde se combinan el baile, el teatro y la acrobacia. Se explora el movimiento de la danza tradicional, y se le confiere un sentido religioso.

Por otro lado, compusimos una suite para la adaptación teatral que realizó Tony Kushner del drama clásico Dybbuk, or, Between two worlds.

¿Dónde encontrasteis al divertido coro infantil de voces hasídicas que canta en Tepel?

Ante la dificultad de encontrar un coro tradicional de voces hasídicas (los hasídicos son judíos ultra ortodoxos), pensamos en los hijos de Frank y Matt para la grabación. Pero ya sabes cómo son los niños, enseguida se distraen y se desconcentran, así que lo tuvimos que hacer muy rápido. Para no reunirlos a todos en el estudio, juntamos sólo a dos de ellos y después hicimos un loop, repitiendo las voces para que pareciera un coro (ríe). La idea de introducir un coro de este tipo es casi una parodia, y al mismo tiempo un tributo a las grabaciones originales de música hasidíca. Ellos usan estos coros de niños en canciones donde su función es responder a la voz principal. Tienen distintas voces, y sus arreglos correspondientes. Muchas veces la gente que nos escucha no entiende de por qué hacemos estos coros tan particulares. Es nuestra forma de trabajar, después de haber escuchado muchísima música hasídica, la hemos transformado en algo nuevo.

Cuentan que Rudy Tepel, el clarinetista de quien tomáis prestado este baile de boda tradicional, solía llevar una pistola en la funda de su instrumento. ¿Qué motivos tenía?

Quería asegurarse de que todo el mundo pagara y que nadie se quedara con su dinero.

¡Vaya! Seguro que vosotros también habéis tocado en bodas.

Sí, de hecho cuando empezó la banda tocábamos en bodas para ganar algo de dinero; lo cierto es que no teníamos planes de llevar aquello más allá. Después vimos que interpretando música de baile tienes que adaptarte a la situación, improvisar, trabajar sobre los patrones rítmicos, etc. De esta forma ha ido surgiendo la idea de desarrollar la música klezmer. Pero ya no tocamos más en bodas.

¿Sigue vigente esta tradición ceremonial?

A partir del revival que hubo a finales de los 70 de este tipo de música, surgieron bandas que se dedican específicamente a interpretar klezmer. Pero hoy día ya no está ligada a las celebraciones religiosas de la comunidad. Exceptuando algunos casos de comunidades hasídicas que tienen sus propios músicos, en los que sí tiene un significado religioso profundo.

En Nueva York tenéis a vuestra disposición el Instituto de documentación judía YIVO ¿Qué podemos encontrar ahí, y qué es lo que más te ha llamado la atención?

YIVO es la mayor colección mundial de libros y documentos relacionados con los judíos europeos del Este que migraron a EEUU a finales del siglo XIX y principios del XX. Allí hay libros, periódicos, fotografías, películas, cartas, música, etc. La colección de discos y grabaciones con la que yo he trabajado es muy importante. En primer lugar, por ser la mayor colección del mundo y por su valor histórico y documental; y segundo, porque ha servido para dar vida a este revival de la música y cultura klezmer, siendo la fuente que todos hemos consultado para conocer las canciones, el estilo, las escalas, ritmos...

En Di gayster (fantasmas) parecen haberse colado unos espíritus desconsolados.

Sí, es una composición de Matt para la adaptación teatral de Tony Kushner: Dybbuk, or, Between two worlds. Se representó en el Teatro Público de Nueva York, y nosotros intervenimos actuando en vivo. La obra cuenta la historia de un padre que prohíbe a su hija casarse con el chico que ama. Al fallecer el joven, regresa en forma de dybbuk (en la cultura judía un dybbuk es el alma que regresa para poseer a otra persona) y se le mete en cuerpo y la hace bailar. En ese momento en concreto suena Di Gayster.

¿Has llorado alguna vez escuchando una canción relacionada con la diáspora o el Holocausto?

Por supuesto. Estoy muy sensibilizado con esta tragedia, o cualquier otra que le suceda a la humanidad, sin importar a quién. Los Klezmatics tenemos la responsabilidad de pronunciarnos artísticamente sobre el Holocausto. Pero hay que hacerlo en un contexto determinado, porque es un tema muy delicado, y es difícil de combinar con otro tipo de canciones en un concierto. Hay quien lo hace, nosotros preferimos evitarlo porque puede resultar gratuito.

Sin embargo tratáis otros temas tristes.

Mucha gente dice que el disco Rise Up gira en torno a los acontecimientos del 11-S, y que por eso suena triste. Sí es cierto que tratamos este tema en alguna canción, pero el hecho de que nuestra música suene triste o alegre se debe simplemente a la naturaleza modal de este estilo. En realidad esta tristeza que destilan las piezas tiene mucho que ver con la alegría, y viceversa. En los cantos religiosos de la sinagoga, por ejemplo, la música puede ser muy enérgica y veloz, y sin embargo conserva la tristeza y el pesar de la vida. Resulta paradójico. Ocurre en la música asquenazí, en el estilo cantoral y klezmer, cuyo origen está en la música cantada en la sinagoga.

¿Cuándo una religión es sana y cuándo insana?

Tal y como decimos en la canción Ain´t Afraid, ninguna religión es perjudicial en sí misma, el problema surge cuando es usada contra otras personas. Resulta peligrosa cuando señalas a otros que piensas son peores que tú. Sin embargo la mayor parte de la población judía del mundo, ya sean asquenazíes, sefarditas, judíos gays, americanos, etc., no sienten la religión como un arma para usar contra otras personas, sino como algo para compartir. Yo me siento orgulloso de formar parte de este sentimiento.

I Ain´t Afraid (No temo) Letra extraída de Rise Up.

No me asusta tu Yahvé

No me asusta tu Alá

No me asusta tu Jesús

Me da miedo lo que haces en el nombre de tu dios.

No me asustan tus iglesias

No me asustan tus templos

No me asusta tus oraciones

Me da miedo lo que haces en el nombre de tu dios. (...)

¿Cuándo llegará la paz a Israel?

(Ríe) Me gustaría saberlo. Este tipo de preguntas son demasiado difíciles de responder para una sola persona.

Es necesario que la gente se aleje de fantasías y sea más realista. Los implicados tienen que sentirse parte del problema. Nosotros a través de la música hacemos lo que podemos frente a la violencia, pero la última palabra está en la responsabilidad de cada uno. Tenemos que mirar al futuro con una mentalidad más abierta. Espero que lleguen nuevas formas de pensar para que la paz sea posible.

La instrumental Katz un moys es una pieza donde brillan las improvisaciones y aumenta la emoción a medida que se desarrolla. Si tuviera letra, ¿de qué hablaría?

Si te fijas en el título Gatos y ratones, y en la forma en que está compuesta, verás que habla acerca de algo en lo que creemos y ponemos nuestras esperanzas. Sería una analogía con una situación política en la que pensamos que las cosas pueden ir a mejor.

Termina el disco con la carnavalesca Makht oyf, propia de la festividad de Purim ¿Qué es lo que más te gusta de esta fiesta?

Las canciones y bailes, beber mucho licor (ríe), y el ambiente festivo que reina. También me gustan los Homen Tashn, unos dulces típicos muy ricos con forma triangular y semillas dentro. Mmm...

Entrevista de: Patricio Otero

     
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