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  Karton Boulevard Imbérica  
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La oveja negra es ahora una cabra loca.

En Valladolid ya nadie los aguantaba, se habían convertido en la oveja negra del lugar. Sus conciertos no eran normales, llegaron a encerrarse dentro de un armario para tocar. En otras ocasiones se dedicaron a improvisar durante horas lo primero que les venía en mente. Creaban ambientaciones escenográficas extravagantes, y se juntaban dos baterías, (una de ellas encima de la barra del bar) tres guitarras y dos o tres bajos más. Aquella noche la policía puso fin al espectáculo cerrando el bar, pero los rumores ya se habían extendido a gran velocidad entre la población. Algunos incluso, los acusaban de pretenciosos. La mala reputación de los jóvenes les obligó al exilio. Los hermanos Corral: Poncho, Gustavo y Nacho, como en el cuento de los tres cerditos, huyeron del lobo y vagaron por la vieja Europa durante años. Seducidos por la aventura, peregrinaron por la senda incierta de los músicos callejeros bajo soles y lunas rojas; y prendados de la música balcánica y oriental, volvieron renovados a su Valladolid natal con un proyecto serio en entre las manos.

Llegaron a desfilar, ocasionalmente, durante este tiempo, un par de chelos, un contrabajo, un trombón y un fagot entre otros. Finalmente se concretó una formación casi acústica, de músicos cualificados, que además de improvisar, se atrevería a entrar en el estudio de grabación. Y así fue como nació Piedra 1 (Galileo 02). Música viva, exótica, imaginaria, loca y genial, divertida y atrevida. Para originales, ellos.

Al final de la entrevista los hermanos Gustavo (Clarinete y percusiones) y Poncho (violín, viola y palmas) me agradecieron que no les hubiera preguntado por el origen del nombre del grupo. La regla número uno de todo entrevistador que se precie, es... ya sabéis cual.

¿Primer disco después de doce años de andadura?

Gustavo: Hemos improvisado mucho durante años y cada concierto era especial, era diferente. Nunca repetíamos una canción, porque no hacíamos canciones. No teníamos nunca las ideas claras, canciones bien definidas, ni músicos que se prestaran a seguir el proyecto que teníamos desde un principio. Las ideas se fueron definiendo, fuimos centrándonos. Dijimos, vamos a empezar a hacer canciones para llegar al mercado. La manera de darte a conocer es a través de los discos. Y gracias una formación estable hemos podido grabarlo.

Al haber sido los tres hermanos lo únicos supervivientes al paso del tiempo, se me ocurre pensar que tal vez hayan sido vuestros padres, de alguna manera, los culpables de vuestra continuidad y afición por la música.

Poncho- Sí, bastante culpables. Este disco está dedicado a ellos, que son los que más nos han apoyado. Antes tocábamos música eléctrica con la guitarra y el bajo, y en lugar de decirnos, ¿Qué haces con esa guitarra? Vete a estudiar la carrera, se fueron a ver nuestro primer concierto.

Además, los tres hermanos hemos hecho una especie de núcleo de unión que nos ha posibilitado apoyarnos unos a otros para hacer lo que hemos querido. Y han salido cosas, a veces un poco extrañas, pero que al final cuajan.

¿Son músicos vuestros padres?

Gustavo- No. A nuestro padre le gusta mucho el jazz y la música clásica. Lo hemos mamado de pequeños, siempre había música puesta en casa.

¿Y ellos os animaron a estudiar en el conservatorio?

G- No, no hemos estudiado en el conservatorio. Empezamos tarde con la música, acabando ya el instituto, entre que faltas a clase a más no poder, que no apruebas nada, y encuentras un local con gente que tiene instrumentos y comienzas a tocar. Así, a lo tonto, nos encontramos con que empezamos a aprender; y más tarde fuimos a academias de música, eso sí.

P- En la adolescencia uno tiene muchas inquietudes musicales, coges un instrumento y te metes en un local; pero muchas veces se queda ahí, y nosotros, no sé por qué, nos lo tomamos más en serio.

Haríais de las vuestra en casa y en el instituto.

P- Pues sí (ríe), hemos tocado en el instituto, hemos hecho conciertos en las habitaciones, etc. De todo.

¿Cómo nació el escalofriantre “Chomutov” que abre el disco?

P- Chomutov es una ciudad de la República Checa. Hemos estado en Menorca unos cuantos veranos tocando como músicos callejeros, viendo el sol, pasando la gorra por las mesas; y ahí conocimos a una chica que era de Chomutov. Esta composición es un guiño hacia ella.

En lo musical, aunque nos basamos en ritmos y música que en principio se podría pensar que es folklórica o tradicional, en realidad no tiene nada que ver, no tomamos las melodías del pueblo. Hemos cogido ideas de la música étnica, jazz, clásica, y todo eso lo hemos medito en la cabeza y echado en la batidora. Quizá el marco sea la música étnica, y quizá a veces se mete en el folk, pero es simplemente el sonido que se crea al final. La música sale del corazón.

¿Cuál es esa formación estable que compone KBI?

G- La cantante es Marta Casado, empezó a la par que la grabación, y su debut fue directamente en el estudio. Nos sorprendimos muchísimo con ella. Chuchi es nuestro bajista, procede del jazz, y es el que lleva el ritmo. A veces queremos acelerar y él no nos deja, es como si fuese un metrónomo. Juguillo es el percusionista, un fuera de serie con los ritmos, muy vital, tiene una pegada impresionante. Los dos percusionistas amamos dar golpes, porque con uno sólo nos aburrimos, el que más golpes da, gana (ríen). Usamos darbuka, cajón, bongó, dunumba, - que es un instrumento africano- chékere, platos, riq y clave.

Nuestro hermano Nacho, (guitarra y acordeón) es compositor de más de la mitad de las canciones. Hemos hecho algunos conciertos sólo los tres, y nos han dicho siempre desde fuera, que hay una especie de conexión entre nosotros que hace que la gente se emocione. Nos seguimos nuestras propias locuras unos a otros.

Ana, es la flautista y viene de la música clásica, es muy perfeccionista. El resultado es una mezcla curiosa.

Cierto, tenéis un punto clásico.

G- Quizá en la música clásica es donde más te puedes abrir, no hay unas estructuras tan cerradas: estribillo- voz- estribillo, sino que se pueden utilizar más formas.

P- Yo, aunque improviso mucho, el estudio que hago de violín es de música clásica. Nacho con la guitarra, y Gustavo con el clarinete también. El estudio viene ahí, pero luego nosotros lo destrozamos todo (ríen).

Espíritu viajero.

P- Hemos viajado bastante. La gente que te encuentras en los viajes siempre tiene mucho que ofrecerte; parte de lo que hemos ido aprendiendo, ideas sobretodo, se recogen aquí.

De todas formas, hay veces que te llevas sorpresas, porque tenemos canciones que parecen rumanas, y yo recuerdo haber hablado con una chica rumana que me decía, ¿Esta música de dónde es?

¿Cuándo empezó esa afición por los viajes?

G- Siempre hemos viajado muchísimo, de pequeños estábamos todo el día en la carretera. A mi padre le gustaba mucho viajar, y de ahí se nos ha quedado, cada dos por tres tenemos que estar dando vueltas.

Y lo de viajar con la música...

...a otra parte

(ríe) Nunca mejor dicho, porque en Valladolid ya no nos aguantaba nadie y nos largamos. Estuvimos tocando en algunas terrazas de Menorca, donde puedes ganar bastante dinero, y nos dijimos, vámonos por Europa a probar. Estuvimos un par de años viajando con la furgoneta, los trastos y la gorra. En Francia, por ejemplo, la acogida fue una gozada. Te tienen una consideración que aquí no hay. Una educación muy buena.

¿En los conciertos?

G- Sobretodo eran conciertos callejeros. Estábamos tocando en la calle y nos decían, ven a tocar a este local. Siempre desde la calle.

P- En Luxemburgo había muchas fiestas. En una ocasión nos encontramos tocando en una discoteca donde se hacía una fiesta de música cubana.

G- El espaldarazo fue en Eslovenia, en un festival internacional de arte contemporáneo. Presentamos una maqueta que teníamos con cuatro temas sin esperar nada. Ahora la oímos y es bastante cutre. Nos llegó un e-mail diciendo que nos habían seleccionado. Nos fuimos allí una semana con gastos pagados, avión, hotel y todo, hicimos tres conciertos y ganamos el premio de música. Así que volvimos más hinchados que nada.

¿Y dónde anda ahora vuestro hermano Nacho?

P- Ha acabado musicología y le han dado una beca de estudios para estudiar la música del sur de la India. Lleva allí unos meses, y ahora volverá en junio. Como compositor que es, me imagino que en el siguiente disco se empezarán a oír ciertas sonoridades hindúes.

Improvisando.

P- La improvisación ha sido nuestro comienzo. Igual que otras personas aprenden con partituras o haciendo versiones de otros grupos, nosotros lo primero que hemos hecho ha sido improvisar, sacarle sonidos a los instrumentos como hemos querido; y a partir de ahí hemos empezado la aprender la técnica. La improvisación es nuestra base.

Habéis llegado a cometer auténticas locuras en aquellas actuaciones improvisadas.

G- Nos olvidábamos de lo que era tocar y montábamos escenografías. En nuestro espectáculo “El armario ambiental en el café tal cual” incorporábamos un armario que habíamos comprado por cuatro mil pesetas unos días antes. La idea era tocar dentro del armario. En ese momento éramos cinco en el grupo, y para llevarlo de una punta a otra de la ciudad, como no teníamos furgoneta ni nada, lo llevamos en un contenedor de basura.

¿En un contenedor?

Sí, encima de un contenedor con ruedas por toda la ciudad. Tuvo que ser por la noche, porque claro, por el día no se podía. Al final resultó que no cabíamos en el armario: dos arriba, uno dentro, y los demás colgados de las puertas.

P- Me acuerdo que en ese concierto sólo hubo siete personas, era muy pequeño el lugar; pero durante cuatro o cinco meses, ahí en Valladolid, no se hablaba de otra cosa. Todo el que nos encontrábamos nos hablaba de “El armario ambiental”.

Y esta sólo una de muchas anéctodas.

P- Nuestro primer concierto fue con dos baterías, dos bajos y tres guitarras, y llegó a incorporarse otro bajo. Resultado, a la media hora vino la policía y tuvieron que cerrar el bar, porque con las dos baterías aquello parecía una locomotora.

Donde hay mucho de improvisación es en “La rumba árabe”, de siete minutos y medio nada menos.

P- Este tema lo compuse yo, está basado en un poema de una amiga. Es un haiku, una estructura japonesa que consta de tres versos en donde se cuenta la totalidad del universo.

También habéis musicalizado obras de teatro.

P- Tendemos a juntar las artes, y la música con el teatro es una de las mejores formas de unión, incluso enlazándolo con imágenes. Hemos puesto música a diferentes obras de teatro como “Galileo Galilei” de Bertolt Brecht, la “Ópera de los pobres” de Kurt Weill, “Don Duardos” de Gil Vicente, etc. Eso te da una visión más amplia de lo que es un escenario y de lo que puedes hacer en él.

G- Y de lo que es la música, porque está supeditada a la narración visual. Juegas muchísimo con el sonido para expresar, por ejemplo, un manotazo. Esas cosas las reflejamos en nuestra música, yo creo que se nota, es muy narrativa. Son pequeños cuentos.

P- Es como la vida misma, te pueden pasar mil cosas en el transcurso de tu vida, y también en las canciones.

Y además, Poncho, has escrito una novela.

P- Sí, se titula “La Torre Roja”. Es otra faceta más a la hora de expresarme.

G- Cuando hicimos las presentaciones de “La Torre Roja” creamos un espectáculo a partir del libro. Compusimos una hora de música a partir de los textos, y como quedó muy bonito y a la gente le gustó mucho, seguimos trabajando con el proyecto. Los actores leían los textos, y la música estaba muy sincronizada con la palabra. Incluso, a veces, componíamos párrafo a párrafo. La gente nos comentaba que era muy visual, que sólo con la música y las palabras se podía ver lo que estaba sucediendo.

Y si se da la ocasión, plantáis una bailarina sobre el escenario.

P- Eso fue en una obra que trata sobre una mística de la India del siglo XII. Juntamos nuestro estilo con ritmos de la India y danza Bharanam y Katakali. Quedó un espectáculo único en su género (ríe).

Cuánto repertorio y cuánta variedad.

P- Nos atrevemos con todo lo que nos gusta. Siempre desde nuestro punto de vista.

G- No queremos copiar, ni imitar. Partimos de algo que nos ha gustado y eso nos da pie a hacer algo nuevo.

Ahora sólo tenéis que centraros un poco.

G- (Ríen) Claro, eso es lo complicado.

¿Quién es el de “Los ojos saltones”?

P- El que se sienta aludido.

Entrevista de: Patricio Otero

     
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