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15.3.2005
Se llevó a cabo en Montreal el Strictly Mundial junto al Folk Alliance
El encuentro de todos
Se dice que Montreal es la ciudad más europea de Norteamérica: cultura gastronómica y musical incontestable, sede de uno de los principales festivales de jazz en el planeta y espacio abierto al bilingüismo. En definitiva, una ciudad que tiene un ángel escondido y que siempre termina encantando igual a los de este, como a los del otro lado del inmenso charco. Imagino que por eso se escogió para la reunión de dos eventos que hasta ahora se habían hablado en la distancia: el Folk Alliance, evidentemente norteamericano, y el European Forum of Worldwide Music Festivals, visitante de la Europa (ni vieja ni nueva). El primero, representante del Folklore de América del Norte, el segundo definitivamente consagrado a las músicas del mundo.
 
  
         
   
             
   

Se dice que Montreal es la ciudad más europea de Norteamérica: cultura gastronómica y musical incontestable, sede de uno de los principales festivales de jazz en el planeta y espacio abierto al bilingüismo, a pesar de los políticos y sus políticas. En definitiva, una ciudad que tiene un ángel escondido y que siempre termina encantando igual a los de este, como a los del otro lado del inmenso charco.

Imagino que por eso se escogió para la reunión de dos eventos que hasta ahora se habían hablado en la distancia: el Folk Alliance, evidentemente norteamericano, y el European Forum of Worldwide Music Festivals, visitante de la Europa (ni vieja ni nueva). El primero, representante del Folklore de América del Norte, el segundo definitivamente consagrado a las músicas del mundo. Así que el dialogo estaba por darse, y en parte puede decirse que se dio amigablemente aunque distante. Había también otro invitado: el Network of Cultural Centers of Color, pero -hay que decirlo, su presencia fue insignificante frente al peso de los otros contertulios.

La temperatura de un refrigerador esta normalmente en cinco grados bajo cero; esto es realmente caliente comparado con la temperatura de la calle por estos días, en esta parte del planeta. Pero todo estaba fríamente calculado: el sistema de comunicaciones entre los principales hoteles y el recién inaugurado Centro de Congresos es climatizado, son túneles interminables que terminan llevándolo a uno a todas partes sin estar en ningún sitio.

Resultó eso si muy norteamericana, la coincidencia con otro evento en el Palacio de Congresos: el salón de las motocicletas. Entonces se mezclaron intérpretes de banjo con Harleystas furibundos y dulces voluntarias de cabellos rubioslargosdespeinados provenientes de Dakota, con esbeltas modelitos en minifalda o pantalón de cuero. Esto solo en el gran lobby de acceso, porque después cada quien a su recinto. Indiscutiblemente, la afluencia de público al salón de las modelos resultaba injustamente más notoria.

Hay que decir, que el ingreso al encuentro musical era costoso y su difusión fue casi clandestina, en una ciudad que por esta época produce eventos como terapias de choque. De hecho, las conferencias coincidieron con otro de los grandes festivales: Montréal en Lumière que, organizado por el Equipo Espectra (el mismo del festival de jazz) intenta cada año, crear en medio de la nieve, un ambiente carnavalesco.

Las conferencias, fueron tantas y tan variadas en temas y calidad, que no terminaría de describirlas (o ustedes no terminarían de leerlas). Para resaltar “Putting together the puzzle (Armando todos el rompecabezas)”: cómo un sello o gerente puede organizar conjuntamente, giras, ventas y publicidad. Interesante por los temas planteados y por la calidad de los panelistas: Dimitri Viettze de Rock Paper Scissors, Fabian Alsultany (dj mimado del encuentro) de Putumayo World Music, Shira Cion (cantante), George Cruze de Providence, Yusuf Gandhi de Four Quarters & Times Square Records, Bill Smith de Eye for talent y Deborah Cohen de International Music Network.

También interesante resultó la conferencia sobre música folklórica y tradiciones de Etiopia, con la participación de artistas de la región del valle del Rift quienes hicieron mucho más sensible la exposición de Solomon Tesfaye. Igualmente enriquecedora la presentación sobre la música de tierra caliente: acompañada por el grupo Los Caracuaros, Lindajoy Fenley logro transmitir, de una manera pedagógico-sensorial una música mejicana distante de clichés y llena de frescura.

Temas como el visado Estadounidense y las relaciones Estados Unidos-Cuba también se trataron en sendos paneles, pero sus conclusiones son algo intrascendente frente a lo que significa la política de inmigración de los Estados Unidos y sus prácticas por parte de las entidades oficiales cuyos funcionarios obviamente no estaban presentes, por estar concentrados en asuntos mas mundanos.

Otro panel interesante fue el de radio de músicas del mundo: “Cambios, recursos y revoluciones”, moderado por Sean Barlow de Afropop y con la participación de Marco Werman de PRI/BBC, Kutay Kugay de KPFK 94.1 Anne McKeigan de CBC's "Global Village" y Johannes Theurer de Radio MultiKulti (Berlín). El tema recurrente es como pueden programarse las músicas del mundo dentro de espacios comercialmente competitivos y la respuesta en general es que hay que dejar de lado los programas demasiado especializados y acercarse a temas paralelos cotidianos.

El salón de exhibiciones, sin ser demasiado grande no se vio nunca copado. No se si aquí también influyó el asunto económico, La presencia europea del EFWMF fue grande (48 de los 53 representantes), pero el stand era uno solo y mas bien fue reducida la participación de otros implicados provenientes de Europa. Muy poco de Asia, África o América Latina frente a la gran cantidad de expositores de la América Franco-Anglosajona. En medio del salón, había instalado un escenario que daba un poco de tristeza: músicos tratando de hacerse sentir en medio del frenesí y el desdén de un auditorio con oídos dirigidos a escuchar otras historias. Contrario a este irrespeto programado, se daban encuentros generosos en pasillos, con músicos que se entretenían haciendo coros (como una bella sesión de gospel que me vino de sorpresa cuando me dirigía a una conferencia sobre la salvación de la herencia cultural intangible).

Otro encuentro conmovedor se dio una mañana descendiendo de las escaleras que ascendían al auditorio. Dos hombres, guitarra y violín, padre e hijo, provenientes de Vancouver haciendo un jazz gitano alegre y emotivo. Don y Michael Fraser: Swingamajig.

Las presentaciones en los Showcases tuvieron penas y alegrías. En cuatro espacios alternos se pudo gozar la diversidad de unos cincuenta grupos y solistas: Algunos venían con la fama precediendo como Lhasa, Sandra Luna (foto) o Yerba Buena, que continúa disfrutando la gloria gozadera de su más reciente y único disco. Se sobraron personajes como Dobet Gnaore de Costa de Marfil, cantante con una presencia carismática y una voz de gran calado. Vusi Mahlasela de Sudáfrica con sus cantos rebeldes y sentidos. Lucia Pulido, colombiana residente en Nueva York, de donde surge un sonido actual para esos cantos de tradición, que su voz convierte en relámpago y llovizna al mismo tiempo, y Ale Moller Band, un grupo que en si mismo reflejaba la globalidad del encuentro (radicado en Suecia, sus miembros provienen de 6 culturas diferentes y su música refleja esta amalgama).

Otros que comienzan a sonar con entusiasmo como H’Sao: grupo de jóvenes habitantes de Montreal provenientes del Chad, navegantes bailarines del soul el gospel y ciertas tradiciones calurosas. O Pharao’s Daughter, ecléctica banda con sonidos del amplio oriente medio, gratamente contaminados de toques contemporáneos. Ambas bandas llenas de fuerza, calidad, pasión y juventud para hacer cosas.

Impresionante la orquesta de Adalberto Álvarez haciendo sentir con mas eficacia que los panelistas, la injusticia del veto americano. Injusticia también para los tristes amantes de la buena música latina, que no pueden apreciar los sonidos que produce esta potencia amenazante. Desafortunadamente, la tremenda calidad de la orquesta de Adalberto se desperdicio en el inmenso Meedley casi desocupado, debido a la coincidencia horaria con la presentación de los –noentiendoporquerrazon- célebres djs de Globesonic.

El domingo, ultimo día del encuentro, algunos participantes se sintieron ofendidos, porque no es normal que para una celebración tan desinteresada y calurosa, se tenga que pagar del orden de 30 dólares por un brunch en un salón oscuro negado a las visuales de la villa. Pero el, asunto comercial funciona en estas tierras, así el ambiente relajado y etéreo de los músicos, o su camaradería sonora ocupen por momentos el espacio. Si no, que lo digan los que allí pudieron concretar buenos negocios, o lograron informaciones suficientes para arrancar con otros nuevos. Es la dinámica que hace girar el tórnamela y que torna en realidad las giras, tanto para los folks como para los que habitan las músicas del mundo.

¿Demasiado americano? ¿Dos mundos aparte que nunca se entendieron durante cinco días? O un verdadero impulso para la World Music Coalition (WMC)?. Esas son preguntas que me quedan sin respuesta, Porque lo que verdaderamente queda son esos cortosintensos momentos de comunicación apasionada, a través de un canto, un baile o el ajetreo de un instrumento, momentos en los cuales se descubre algo escondido que los místicos adoran. Instantes que hacen que el negocio valga realmente la pena y que no de pena estar en el negocio.

Informe de Roberto Dangon desde Montreal, Canadá

 
http://www.folkalliance.net/
http://www.efwmf.org/