Pasaron treinta y cinco años para que Salif Keita pudiera grabar un disco en Malí, el país que lo vio nacer. Y en homenaje a semejante acontecimiento, Keita regala un trabajo maravilloso de punta a punta y con intenciones de convertirse en uno de los grandes discos de 2005.
En “M’Bemba” (Ancestro), el maliense repite la fórmula del álbum predecesor “Moffou”. Es decir instrumentos acústicos, canciones simples, influencias variadas, algunas melodías que invitan al baile, etc. Pero esta reiteración no significa que sea más de lo mismo, sino que Salif se reinventa y va más allá musicalmente hablando.
Para ello contó con socios de la talla de Mama Sissoko (n’goni), Toumani Diabate (kora), Kante Manfila y Ousmane Kouyaté (guitarras) y Mino Cinelu (percusión), entre otros grandes músicos que le aseguran a Keita una excelente base musical sobre la que despliega su poderosa y conmovedora voz. Además, por primera vez la familia de Salif Keita dice presente: sus hermanastras aportan sus voces en coros de algunas de las canciones del disco.
Luego de muchos años de permanecer fuera de su país, el albino que fuera rechazado por su propio padre y excluido por la aristocracia de su propio linaje, construyó su propio estudio de grabación a metros del río Níger. Por lo que “M’Bemba” cobra un significado especial. Además, con este álbum Keita evoca la memoria de uno de sus famosos ancestros, el Emperador Sundiata Keita, fundador del Imperio Mandingo en el siglo XXIII.
Producido por Jean Lamoot, Jean-Louis Solans y el mismo Keita, en el disco se alternan canciones de tempo relajado como “Tu Vas Me Manquer”, “Dery” y “M’Bemba”, con otras decididamente más bailables como “Ladji” y “Calculer”. La encantadora “Moriba”, pone el broche de oro como corresponde a todo excelente trabajo. Jorge Maldonado |